No estoy cómoda, no sé bien por qué. Quizás sí me aburrió, pero nunca me incomodó estar sola sin hacer nada durante unos minutos. Miro a mi alrededor. Dos chicas y dos varones sentados, a dos mesas de distancia de la mía. ¿Habrán salido dos versus dos? ¿O son solo amigos? Escucho unos segundos y me parece correcta la segunda opción. Después de un rato, dejo de deducir.
Ese es un juego que ahora no tengo ganas de jugar.
Al rato, a mi derecha, sentados más allá: un chabón y una piba, enfrentados, ¿de la mano tiernamente o pasándose algo?... Sí, se están dando la mano. Hacen linda pareja. Minutos después, distraigo la atención otra vez: no me pinta
ese mambo que tantas otras veces me entretuvo. Quiero solamente comprender y saber qué es lo que no me deja soltarme, aflojar los hombros, relajar las uniones entre conceptos: que no estén tan tirantes, sino más sueltas, dispuestas a ser activadas en caso de ser necesario.
Me saco los anteojos porque sí, como movimiento de tipa ansiosa que quiere matar al aburrimiento entones empieza a toquetear y mover lo que tiene cerca. Se suma a la ecuación una pizca de astigmatismo y miopía, antes negadas por los cristales. Veo bastante mal, aunque sólo me doy cuenta de eso ahora que me saqué los lentes, porque sino estoy convencida de que "veo perfecto y no los necesito". Ya no distingo las caras de a quienes observaba antes, ni tampoco del resto de la gente a la que no me detuve a mirar tanto.
Ya no llego a verles ni los ojos. Ni los ojos. Ni su mirar. Ni su posible crítica, juicio, opinión, análisis, pensamiento sobre mí. Soy yo sola. Estoy cómoda.
Tampoco yo puedo observar, criticar, juzgar, opinar, analizar y´pensar acerca de todo lo que me rodea. Ni lo más mínimo y superficial, ni lo más interesante y profundo. Ya no existe posibilidad de sacar teorías de la gente y sus vidas, ni de la cotidianeidad, ni del vaso rojo de allá, ni del tacho de basura.
En contra de lo que siempre digo: lo único que necesitaba era dejar de mirar para afuera.
Entonces, no me queda otra que activar mis ojos internos, los del alma, los del cerebro, los de las entrañas. Como última opción, accedo. Uno lo evita porque le asusta: nunca sabe con qué se va a encontrar.