El sol se asoma por el horizonte, y un rato después ya está en lo más alto. Ilumina, marca su presencia, irradia luz. Sin embargo un rato después, empieza a caer, a descender, a esconderse. Un rato se saluda con la luna, se ven, se miran. Después el sol desaparece y predomina la noche. La oscuridad, los brillos. Surge un clima especial, que muchos aman, otros odian, y otros nunca van a entender.
El fuego se prende y parece interminable, sin embargo después de un tiempo se extinguió y sólo quedaron cenizas. Cenizas que son el rastro de algo que ya no es, pero que fue. El invierno se instala como eterno, el frío congela las almas, pero es definitivamente pasajero. El calendario lo dice. Y sí, increíblemente, termina. Aparecen las flores, las plantitas, los días largos. La primavera. Cuando recién uno se acostumbra, un golpe de calor te empuja al verano. Qué lindo que es el verano. Pero lo peor, para mí, es cuando empieza el otoño. Cuando al calor y a las buenas vibras de la estación del sol, la absorben las hojas secas, los crunchs. Que, sí, también tienen su encanto.
Ciclos, ciclos, ciclos. Todos empiezan con firmeza, pero en menos de lo que parecía que lo harían, terminan. Terminan para volver a empezar. Pero terminan dejando intriga, dejando duda, habiendo dejado mucho pero a la vez, la incógnita eterna de lo efímero. La sensación inevitable de que si fue, jamás va a volver a ser así, la aborrecida característica humana de no poder disfrutar el hecho de que haya estado y querer volver a prender el fuego, a subir al sol, a abrazar la noche, a retener el calor, a regar una plantita, a pisar una hoja y a ponerse un abrigo.
Eso es. Abrazamos porque no queremos soltar. Porque aunque "lo que esté por venir, sea lo mejor", lo que está ahora, es irremplazable. Termina, y ¿qué queda de eso? Creo que más que "¿qué es la vida?", los filósofos y los intelectuales deberían preguntarse eso. Qué queda de lo que fue. ¿Ya no es? Yo no creo. Todo sigue siendo de alguna u otra forma. No es efímero. Lo efímero está en los humanos. Sí, en nosotros.