porque no está mal que terminen las historias mientras haya historias que contar

20.12.09

Na(ti)vidad

Es que sí, yo vivo la navidad de otra manera. Va más allá de los regalitos y de los fuegos artificiales. O tal vez no tanto.

Es como sí cada 24 de diciembre a la noche me generara una regresión a mi infancia. Éstos días estuve charlando con muchas personas sobre ésto, la gran mayoría considerando que la navidad es un trámite. Ver a los tíos que te dan noventa y ocho besos, hablaban la ridícula cuenta regresiva antes de las doce, de lo comercial que es la festividad, y otras verdades más. Porque, no las niego en absoluto. Pero, por lo menos para mí, la navidad va más allá de eso.
Sí, da fiaca lo saludos de las tías, da fastidio la sensación de que todo es comercial, y da un poco de verguenza propia y ajena el estar todos gritando como unos locos "10, 9, 8.."; pero todo tiene su sentido.

Estamos en un momento en cuanto a la sociedad en el que el noventa y cinco porciento de los hechos son para llorar, un momento en el que mirar el noticiero es una tortura, en el que no sólo estamos permanentemente sufriendo desgracias ajenas si no que la vida de todos (más que nada adultos) está constantemente llena de trabas, fastidio, stress. Poco goce, poca sensación de felicidad, o para los que no creemos en la felicidad completa; sensación inexistente de la felicidad como utopía.

Por eso adoro las navidades. Respeto la religión pero para mí la alegría pasa por otro lado. Es una buena excusa para encontrarse todos, para sonreirse, para contar buenas anécdotas, para contar chistes, para comer la riquísima comida de la abuela, para abrir los regalos apenas pasa un segundo de las doce; y, por qué no, para valorar esos besos babosos y esos gritos desaforados que ansían con ganas el anuncio del cero.

(en pocas palabras, la navidad me llena porque soy feliz viendo feliz)

2.12.09

Cuenta regreutópica

Me pasé el año contando los días que faltaban para que terminen las clases. Lo único que quería era sentirme totalmente libre, olvidarme del colegio, poder estar en mi casa tranquila, durmiendo, mirando televisión, jugando a neopets. Cuando la cuenta regresiva dio 0, me di cuenta que no sé si era eso lo que yo estaba buscando. Me agarró una tristeza interna que me costaba no exteriorizar. Todos estábamos mojándonos y tirándos témpera, y a decir verdad, en ese momento fui una más eufórica y feliz. Pero cuando los potes se acabaron, y ya estabamos tan mojados que seguir con las bombitas de agua perdía sentido, también perdió sentido la maldita cuenta regresiva.

Mis días en el colegio son un arcoiris. Llenos de colores, momentos de risa y momentos de bronca en los que golpearía a más de un profesor. Ahora, es todo más bien llano. Sí, yo me quejaba de la llanura del invierno, y a decir verdad es una horrible meseta. Pero no puedo evitar quedarme con estos últimos días de colegio que fueron fantásticos, que me quedaría todo diciembre yendo al colegio si siguiera siendo así.

La verdad que estoy podrida de a todo encontrarle la quinta pata, de que todo sea negativo, de siempre estar esperando lo que viene. De que nada me conforme, de ser o totalmente mediocre y conformista en algunos aspectos, y de, en otros, pretender siempre lo que no tengo. Porque buscar y conseguir las cosas, pero cuando ese instante llega, no valorarlo, y estar esperando algo que está por venir, es más mediocre que quien nunca busca. Quien es un verdadero triunfador es quien busca y NO encuentra. Quien se pone metas lejanas para simplemente disfrutar del camino. Quien no cuenta los días para ver cuánto falta, si no que los vive como si fuera el último. Es fácil para el que encuentra. El que encuentra vive incentivado porque sabe que va a encontrar las cosas, pero por eso mismo es que no las disfruta. Siempre está el deseo de lo que va a venir, nunca nada de lo que viene le satisface. Y el deseo tampoco es un goce. En cambio, el desafío está en buscar y entender que esa búsqueda es lo que verdaderamente hay que vivir. Gozar de eso, reírse de eso, llorar con eso. No es mediocre quien no encuentra, es mediocre quien no busca. Quien busca eternamente y no encuentra es un afortunado a quien envidio, y públicamente le pido la receta para emprender el camino hacia la utopía que le va a dar a mi vida el sentido que le falta.

25.11.09

Huerta

Creí que ya conocía todo. Que entendía como era el ciclo de cada año, en qué consistía cada fecha. Cuándo iba a sufrir a morir y cuando iban a ser etapas incomparables. Parece que la vida se esfuerza en sorprenderme cada vez un poco más, a veces gratamente y otras no tanto. Y claro, no existía razón para que vaya a repetirse. No tenía que haber por qué pasar de vuelta. Pero para mí así iba a ser, y ya estaba casi totalmente preparada como para soportarlo. "Afeitado y sin visitas", dice un dicho popular. Algo así.

Me encargué de fortalecerme todo el año para las terribles épocas de noviembre. Iban a ser horribles, eso prometían. Eso me juraron el año pasado cuando cada día implicaba más de una lágrima, más de un grito, más de una necesidad cumplida de escapar con Brandy a sentarme y llorar más relajada. Mi escape era el patio o la calle. Me sentaba, ya sea al lado del pasto acá en casa o en algún escalón de cualquier edificio con Brandy al lado, y me dedicaba a mirar el cielo y a desear que nunca se vaya. Las siete, ocho de la tarde/noche, ésa era mi hora preferida. La disfrutaba y a la vez la sufría. En un rato iba a acabarse. El sol se iba a ir casi sin que me diera cuenta y la luna iba a aparecer para hacérmelo notar. Fueron épocas difíciles, mucho más de lo que parece al contarlo.
Necesitaba con urgencia que el año termine, no sabía bien para qué. Nunca me hubiera esperado un noviembre tal difícil y sin embargo llegó y me agarró por sorpresa. Lo sufrí como nunca nada. Soy exagerada, sin duda. Pasé cosas peores en mi vida pero ahí me lloré todo, lo que tenía y lo que no, lo que quería y lo que no. Vale la pena aclarar, también, que soy sumamente melodramática y me encanta la novela. Pero en esos tiempos sentía que se me iba el mundo, que iban a faltar siglos para que encuentre algo para disfrutar. Me sentía totalmente vacía. Todo el tiempo me proponía encontrar algo que me llenara, empezar una actividad, etcétera. Y escribía. Era sumamente repetitiva, todos los días me ponía los mismos objetivos y al otro día ahí estaba de vuelta. Llorando en el mismo rincón, escribiendo lo mismo con otras palabras.

El colegio se terminó y supongo que diciembre me llenó un poco. Las lágrimas no aparecían más. Pero seguía desesperanzada. Sintiendo que la vida no me hacía feliz, que no había nada que yo realmente disfrutara.

Las vacaciones llegaron y no sé por qué las esperé con tantas ganas. Las pasadas no habían sido las mejores, habían sido mediocres, como más de una cosa en mi vida. Sin embargo, necesitaba alejarme de todo. Escribí, en algo más privado que ésto, que no ponía muchas expectativas en cuanto a cómo iba a pasarlo, pero sin embargo necesitaba alejarme de mi casa. Respirar de ésto.
Me fui y fueron las mejores vacaciones de mi vida. Otra vez más, me sorprendió. En el momento fue todo tan rápido que casi no me di cuenta de la sorpresa. Cuando volví y tomé conciencia de cómo la había pasado, ahí fue un golpe. Volví y estaba llena de vuelta. Llena y con la mente puesta en: ahora entiendo cómo es la vida, cómo va a ser cada año. Año neutro, sufrimiento extremo en noviembre, y después las vacaciones, para llenarme otra vez.

Ahora estoy sorprendida. Éste noviembre no me vació. Tuve el desgaste común, el mismo que en marzo o en julio. Me di cuenta que cada año me va a hacer darme cuenta que es distinto al anterior, que el mundo está distinto y yo también lo estoy. Aunque insista en que no cambié nada, algo debo haber cambiado.

El punto es que ahora estoy más que tranquila, en cinco días se acaba noviembre y todavía no me llegó el supuesto "síndrome noviembre". Si revisan algún texto, van a ver que siempre hago referencias del estilo "y eso que todavía no es noviembre!".

PD: espero no sorprenderme en cuanto a mis vacaciones. Espero que de vuelta sean fantásticas. Aunque, como ya hice referencia en el texto anterior, cuando uno siembra tantas expectativas en algo, en general, parece mucho más mediocre de lo que en realidad es. Voy a tratar de arrancar, escupir, sacar los espantapájaros, poner un sol que raje la tierra para que seque lo que sembré y no sembrar más nada. Ver crecer a las plantas silvestres, sin esperar nada. Sonreirle a las carnívoras y a los tréboles de cuarenta y nueve hojas.

16.11.09

M de mediocre, N de Natalia

Es que sí, me hago cargo. Todo es culpa de mi cabeza. Que sueña y sueña, que se permite poner miles y miles de expectativas en algo, dejando a un lado que cuando uno hace eso, ese algo cuando por fin sucede, parece mucho peor de lo que en realidad es. No sé si me explico, pero tampoco me importa explicarme. La cuestión es que ya empecé a sufrir eso en que puse infinitas (literalmente) de expectativas. Y cayeron las primeras lágrimas de verano. Esas que el año pasado me atormentaban y que ahora se asoman muy cada tanto. ¡Hasta mis lágrimas quieren ayudarme con esa mentira de que algo crecí! Porque ahora en vez de llorar para fuera lloro para adentro sin siquiera darme cuenta. Y el domingo que me dejé ser, que dejé caer esas lágrimas (es gracioso que lo digo como si hubiera sido una elección y tuve que irme de donde estaba porque ya no soportaba ese nudo de garganta, que sólo desapareció transformándose en lágrimas), me di cuenta de que en realidad no crecí nada, que sigo cometiendo los mismos errores, que sigo sembrando expecativas aún sabiendo que después voy a vivir ese algo como una experiencia más mediocre en mi mediocre vida.

Es uno más de esos textos que no tienen un hilo coherente para seguir. Pero yo ya de por sí soy incoherente, no aprendo de nada y cada vez sufro las cosas un poquito más que la vez anterior. Con o sin lágrimas, lo sufro. Me fastidia pensar que eso que tanto necesito y que iba a ser una experiencia inolvidable (percátense de que sigo sembrando expectativas, por dios), va a destacarse, sí, pero por lo mediocre que va a parecer.

Chau.

12.11.09

"Más de lo que mi cuerpo, mente y alma parecen poder soportar"

Falta poco y parece una eternidad. Lo deseo con toda mi alma, sin embargo, todos los julios consisten en anhelar los últimos días de clase. Sé que en otra línea temporal (ja!) estoy deseando con toda mi alma que sea noviembre, sentir ese calor inmenso en los pasillos del colegio, que el sol llene las aulas de luz y también de una calidez incomparable.

Ahora que me acuerdo, el colegio en julio es un asco. Oscuro, frío, sin vida. Sí, me gusta noviembre en el colegio. Pero, claro, como todo, siempre queriendo algo que está por venir. Nunca disfrutando el ahora. Ya ni me quejo porque es algo incambiable, es un defecto que va a perdurar generación tras generación. Pobres mis hijos, Pobres mis nietos, pobre de mí. Pobre de mí que estoy resignada a que la felicidad sea siempre una utopía inalcanzable, pobre de mí que ya acepté que en mi hoy nunca voy a estar cien porciento bien, porque siempre voy a estar esperando ese mañana. (De todas maneras, insisto en que esa utopía es la que nos hace seguir vivos. Imagínense que cuando seymour glass llegó a la felicidad extrema optó por el suicidio porque ya había logrado la experiencia que justifique su existencia. Yo prefiero ser como holden, perdida y buscando, toda la vida buscando. Ese es el sentido de mi vida, sin duda)