"Voy caminando por las calles con el pelo suelto, sonriente, simulando tener todo resuelto. Debajo de mi sobretodo gris se esconde la lombriz de las ganas de que me salgan canas a tu lado y ser feliz"
Hace frío, está nublado. Afuera y adentro mío pasa igual. Puede ser casualidad o tal vez el clima se cuela por los poros de mi piel. En ese caso deseo profundamente que esté soleado y caluroso y una linda sensación me invada el alma. Es de esos días en los que estoy en pesimista, en los que siento que nada puede cambiarme el humor, por más que está mi familia materna en casa celebrando pascuas y de verdad que me divierto mucho y me río tal vez, demasiado.
Porque a pesar de eso estoy acá encerrada en mi cuarto con dolor de cuello, con ganas de irme a dormir y despertarme cuando el clima mejore, o ni siquiera, levantarme directamente el 21 de septiembre porque ahora se vienen unos malditos meses en los que todo parece mucho más oscuro y deprimente que de costumbre.
El invierno me pega mal. Todavía no es invierno, ya lo sé. Pero el otoño anticipa el invierno, el otoño te hace notar de que todo eso que se venía dando se terminó y te prepara para épocas frías (en mi caso no sólo voy a tener frío cuando esté caminando por la calle desabrigada como de costumbre, si no también aunque esté al lado de una estufa caliente, porque como dije, me enfrío por dentro también), vacías, nubladas. El otoño se hace notar. Aunque preferiría no.
Me gustaría poder caminar por la calle sin escuchar un maldito crunch de las hojas secas rompiéndose, me encantaría que los árboles sigan caracterizándose por su verde tan vivo y no por un marron que casi nada expresa. Desearía que los días vuelvan a ser largos y poder tomar la leche y a la vez broncearme, en vez de merendar necesitando usar luz artificial.
Últimamente es más simpático y original decir que amás el invierno. Te convertís en una persona diferente e interesante, la gente se muere por preguntarte por qué no preferís el verano y todos quieren escucharte. Yo soy una más, yo necesito calor, luz, vacaciones, intensidad, colores, días casi eternos. Eso me hace feliz, eso me llena.
Y bueno. Me preparo para bajas temperaturas. El problema es que el frío externo se soluciona con una estufa o un buen buzo. Cómo se me congela la esencia (porque ni siquiera son las venas, es la esencia, algo tan poco tangible) es algo imposible de frenar. Fin.

