porque no está mal que terminen las historias mientras haya historias que contar

13.10.10

Mamá y su numero primo

3 de Septiembre

"Miles fueron las veces que traté de sentarme a escribirte, Ma. Siempre me quedé en unas pocas palabras, que a veces lograron tener coherencia y llegar a ser un párrafo, pero al siguiente se perdieron, se desordenaron, se desencontraron y se desentendieron. Y quedó como un párrafo más de esos inconclusos en la historia de mis escritos, que empieza si viajamos tres años en el tiempo, más o menos, o podemos pensar, tal vez, que empieza en mi media década cuando escribí mi primer cuento, el cual todavía recuerdo con lucidez. Quiero decir con esto, que tengo fe de que esta vez sea le excepción, de poder, de una vez por todas, escribirte algo relativamente coherente, que exprese algo más o menos parecido a esto que siento acá adentro que se destaca por lo variable y a la vez permanente que se muestra.

Te odio, te quiero, te quiero matar, te odio porque te admiro, te admiro porque te odio y vos te mostrás intacta, te quiero porque te odio y aún así me seguís queriendo tanto como antes, te admiro porque te quiero aún mostrándote lo opuesto y vos continuás haciendo todo por darme lo mejor y verme totalmente bien. Esa es de las cosas que digo que, en nuestro vínculo, no varían. Tengo la certeza de que puedo convertirme en el peor ser de la tierra, y aún así vos vas a estar al lado mío, tratando de enderezarme, seguramente; queriendome devolverme mi esencia, esa que te (les) debo en un cien porciento. Es que eso me pasa con vos, Ma. Siento que soy vos en yo, que soy exactamente lo que vos hiciste de mí, que soy quien soy por vos. Y va más allá de nuestro parecido físico, y de la diferencia extrema de nuestra forma de ser.

Sí, es cierto, yo también me formé por mi lado, caminé al revés de lo que muchas veces pretendiste, o caminé de costado. Dije blanco cuando vos dijiste negro, hice todo cuando vos no quisiste que haga nada y me quedé mirando el techo cuando pretendías que remueva el mundo. Grité cuando esperabas silencio y me callé cuando pretendías explicaciones. Hice todo menos ordenar mi cuarto cuando me dijiste que ya no daba para más una y mil veces, y me quedé hasta las cinco de la mañana poniendo un poco de órden cuando me dijiste que por favor me vaya a dormir temprano. ¿Y aún así digo que soy quien soy por vos?

Y, en eso consiste la cosa, también, ¿no? En que vos digas A y yo diga B, y todo lo anterior ya explicado que no tengo gana alguna de repetir. Hoy es tu cumpleaños y te pinta el bajón, y te ponés triste porque estás cerca de los cincuenta y a mí, hoy, me toca decirte cosas lindas y no criticarte como decís que hago todo el tiempo. Quiero que sepas que sos preciosa, la más linda para mí, que sos la mujer la cual aspiro a ser (aunque naturalmente no lo creas), que a veces me sorprende tu bondad extrema y que tus defectos, los que tenés porque todos los tenemos y que son insoportables, no hacen más que seguir dejando en evidencia tu bondad y tus ganas del bienestar general. Porque, aunque muchas veces me rompa las pelotas escucharte decir "tolerancia", "paciencia", y esas cosas, tomo esas palabras como leyes para mis relaciones con otras personas y más de una vez me encontré repitiendo tus mismas oraciones en conflictos ajenos.

Gracias por todo, Ma. Esto no me salió como quería, pero esta vez voy a tener que bancarmela porque no quiero que pase este tres de septiembre sin que sepas cuánto te quiero, cuán importante sos, y cuánto influye tu felicidad en la mía. Mucho, mucho y mucho, respectivamente. Aunque me parece una idiotez aclararlo. Feliz cumple, Tere. Gracias por, más que nada, bancarme en todas mis locuras, y aunque te cueste, hacer el esfuerzo por seguir y entender mis cinco mil palabras por milésima de segundo, mis "es el peor/mejor día de mi vida", las peleas con Anita, los llantos sin explicación, los tan odiados y escuchados "voy a repetir", y todas esas cosas que los que vivimos en esta casita con pared de ladrillos y una perra que se llama Pampa conocemos."

Un feliz cumple atrasado y un feliz día adelantado.

5.10.10

Mitolosofía

No siempre lo bueno está más allá, no siempre "está por venir". Y lo más lindo que hay, es poder darse cuenta de que está pasando precisamente en el instante exacto. De que la percepción, por una vez, se ajusta a la realidad. De que el presente deja de ser algo tan efímero y se convierte en algo real. Porque ya estamos hartos de que todo ya haya pasado o esté por venir, y más aún entendiendo que lo único que hay es el presente; un presente permanente, constante, inacabable, indestructible: bendita y malditamente eterno.

Los dragones nos explicaron muchas cosas. Que el ayer ya pasó y que el mañana no existe, que somos muy aburridos por sólo creer en eso que conocemos, que podemos vivir sin fuego, sin agua, y sin aire, pero jamás vamos a poder vivir sin la palabra de cuatro letras que al revés es Roma. Yo aprendí mucho de los dragones. Tuve ganas de tener alas, de ser muy fuerte y gigante. Admiré su filosofía, sus pensamientos, sus sentimientos, su manera de vivir el día a día. Pero por ir por todo, me quedé sin nada.

Podría ahora estar siguiendo sus pasos, pero sin largar fuego por la boca. Sin embargo otra vez estoy con las manos vacías. Estoy muy lejos de cómo me gustaría ser, nuevamente estoy más humana que nunca. A los dragones les llueve como a nosotros, sólo que reciben la lluvia de otra forma. Se nutren. Bailan con ella. Persiguen a sus sombras. Aplauden a la muerte: "¡qué bueno va a ser el abrazo de volver a vernos!". Cometen errores, sí. Pero se acuerdan de dónde estaba la piedra y nunca más vuelven a pisarla. Encuentran en lo malo, algo bueno.

Nosotros nos mimetizamos con un cielo gris y lloramos. Huímos de las sombras, nos dan miedo, representan lo oscuro y nos terminan opacando. Sufrimos la muerte hasta quedarnos sin ganas de vivir, ni de morir, ni siquiera de respirar. Tropezamos y caemos. El dicho popular suele ser mentira. Y pasa el tiempo, y volvemos a trastabillar con el mismo obstáculo. Y de vuelta, y otra vez. Y nos aburrimos de caernos, pero seguimos cayendo. Pero: si tropiezo ya no es fatal, porque yo sé que queda otra vuelta de tuerca más, puede que un tanto no efímero.

De todas formas: continuará (siempre que sigamos tan así, y ellos tan asá)

24.9.10

Primavera dosmildiez

Las flores bailan, las plantas se mueven al rítmo del viento. El viento que está, que se hace notar, que es el factor más determinante en que formulemos la idea de que ésto no es el cien porciento si no el setenta y cinco, pero un setenta y cinco que ya, con el tiempo, se convierte en una integridad, en un cien. Que genera que días previos uno esté contando cuánto falta para ese día lindo por donde se lo mire.

Un día para distenderse. Para relajarse y ponerse las pilas; para taparse los oídos y escuchar el ruido que generan los pies sobre el pasto, y también para acumular gritos, murmullos, risas, canciones, guitarreadas y bandas locas en algún parque de por ahí. Un día, también, para olvidarse de todo y no pensar en nada, y a la vez para tomar conciencia de lo llenos que nos estamos sintiendo, para recargarnos de eso, para llenarnos con eso, para nutrirnos.

Soy una plantita que el invierno y el otoño debilitan, y que la primavera genera que renazca. Soy una plantita más, sí, de esas que viven en la mejor estación, que aguantan en el verano, y que después vuelven a caer. Igual, no soy silvestre. Necesito que me rieguen. Así que risas, amigos, familia, canciones, querida vida: pido que me rieguen. De a ratitos, varias veces por día, mucho cada tanto, pero no se olviden.

Por lo pronto, ahora, tengo ganas de salir a dar una vuelta y sentir todo eso primaveral de lo que alguna vez hablé. Tengo ganas de sentirme como esa primavera del 2008. De mentirme y engañarme con lo que veo, huelo, siento. De exagerarlo al mil, de alucinar calor, olor a jazmines; de imaginar algo que recién está empezando y me alegra pensar que falta muy poquito para que ya no haga falta imaginar y eso que tanto anhelo y tanto me completa se transforme en una total realidad.

11.9.10

El regalo a los reyes

Otra vez una misma secuencia de errores. Esa secuencia que es un error de por sí y envuelve a una seguidilla de otros. En realidad, para hacerlo más complicado, sería: un gran error, que envuelve diferentes situaciones (otros errores) en las que, ahora sí, se da una secuencia de pequeños errores que me destruyen. Perdón por la repetición de esa palabra. No la puedo dejar de decir y no debe ser por que sí, y voy a dejar mi no válida redundancia, porque funcionaría algo así como acto fallido.

Voy a contar, sutilmente, en qué consiste. Primero, anticipos, leña al fuego (pero de la buena) que encienden mis emociones. Por una vez me siento prendida, esa es la palabra. En movimiento de pies a cabeza aunque esté quieta. Con expectativas en algo. Pensando que ésta vez no tiene por qué ser como la anterior. Aunque, después confirmo, que sí tiene por qué. Después planeo. Eso que ya conté miles de veces. Analizo las distintas posibilidades de ese futuro suceso, y actúo en mi cabeza. ¿Qué postura voy a tomar esta vez? De todas formas, no me culpo. Está bien que planee. Tengo que justificarme a mí misma eso de estar prestándome a lo mismo otra vez. Tengo que mentirme y le que ésta vez no me estoy entregando a lo mismo de vuelta. Entonces me hago la, actúo, simulo. Primero en mi cabeza y después se verá (seguramente termine improvisando).

Esos dos primeros pasos los tengo muy claros, creo que lo que sigue no tanto. Puedo resumirlo. Llega el momento de implementar todo eso pensado y de que esas emociones se potencien, supuestamente. Como dije, termino improvisando, o dejando en evidencia que sí me estoy prestando a lo mismo. Pero muchos factores externos me llevan a pensar que ésta vez va a ser diferente, a creer que puedo cambiar a la gente y que soy especial. Así que actúo, mal, muy mal, y después me doy cuenta de que es lo mismo de siempre. Pero ya estoy metida hasta el fondo. Ahí improviso más que nunca. A veces se me da por hacerme valer un poquito, otras me digo "estoy jugada", y otras muchas, para justificar mi mala acción, "estoy haciendo lo que quiero". Lástima que no es así como lo quiero. Para nada.

Lo que sigue es básico, perdón. Llego a mi casa y no lloro porque no vale las lágrimas y sinceramente no me surge. Pero me digo que nunca más, que fue la última vez, y muchas mentiras más. Después pienso en ese primer momento de expectativas y sentimientos hermosos, y me doy cuenta que por lo menos por ahora, lo mejor que tengo es eso, lo previo, "las cosquillitas en la panza", esos sueños de lo que va a pasar en un rato. Siempre los sueños opacan la realidad. Dejá de soñar, Nati.

Sí, el punto es que una semana después estoy haciendo lo mismo. Exactamente lo mismo. Y así la siguiente. Hasta que un día de un vuelque, como en aquella otra secuencia de situaciones hace un año, y cierre ese capítulo para siempre. ¿Y saben qué es lo que pasa después? Un tiempito de otro tipo de sequía (de expectativas, por ejemplo) y agarro a algún otro gil de por ahí. Así funciono lamentablemente.

1.9.10

Extrañar lo efímero

Nunca había entendido bien lo que significaba la palabra efímero hasta hace un rato. Hasta que asumí que todo lo pasado y terminado es efímero. O esa sensación nos deja. Pasó, sabemos que pasó, que estuvo, que nos dejó algo escrito a nosotros y al mundo, inclusive somos concientes de haber llorado su final, por ende podemos afirmar que estuvo. ¿Pero nos acordamos de la sensación que sentíamos cuando lo teníamos en nuestras manos? ¿Recordamos el sentimiento de haberlo poseído alguna vez? ¿Nos imaginamos que eso, en algún otro momento, fue posible?

Tal vez es porque nos acostumbramos demasiado a su ausencia, al punto de que ya nos parece imposible que en algún momento hayamos contado con eso. Creo yo que es una herramienta desconocida pero presente, que nos hace creer que nunca tuvimos eso, porque si supiéramos que contamos con eso en un pasado y ya no lo hacemos más, sabríamos que la felicidad de ahora es vacía, incompleta, que le falta un pedacito (o varios, porque vamos perdiendo cosas en el camino sin parar).

Hoy pensé en Brandy, en su ojo celeste, en su pelaje negro, gris y blanco, en su vejez y también cuando era más chica, en su ojo marrón, en su nariz mojada, en mis charlas con ella, en cómo me gustaba cuando apoyaba su trompa en mi mano. Pensé en todo eso y la extrañé mucho, pero me costó darme cuenta de que alguna vez acá la tuve, en esta misma casa. Me olvidé lo que era tener a Brandy. Me olvidé lo que era hacerle una caricia, me olvidé lo que era que aparezca de la nada en mi cuarto, me olvidé lo que era llegar y saludarla, me olvidé. No me permito olvidarme y sin embargo eso está pasando.

La quiero, la tengo conmigo, prometí que te fuiste pero no fuiste, y sin embargo acá estoy. Haciendo un esfuerzo sobrehumano para poder sentir otra vez su suavecito pelaje entre mis manos. Tratando de utilizar herramientas que no sé si tengo o si existen. Sé que hay un lugar, efímero, para variar, en donde puedo sentirla de vuelta, recordarla, abrazarla, jugar a los detectives. Esta noche voy a hacer mucha fuerza para soñar con ella. No se merece mi olvido en lo más mínimo.