3 de Septiembre
"Miles fueron las veces que traté de sentarme a escribirte, Ma. Siempre me quedé en unas pocas palabras, que a veces lograron tener coherencia y llegar a ser un párrafo, pero al siguiente se perdieron, se desordenaron, se desencontraron y se desentendieron. Y quedó como un párrafo más de esos inconclusos en la historia de mis escritos, que empieza si viajamos tres años en el tiempo, más o menos, o podemos pensar, tal vez, que empieza en mi media década cuando escribí mi primer cuento, el cual todavía recuerdo con lucidez. Quiero decir con esto, que tengo fe de que esta vez sea le excepción, de poder, de una vez por todas, escribirte algo relativamente coherente, que exprese algo más o menos parecido a esto que siento acá adentro que se destaca por lo variable y a la vez permanente que se muestra.
Te odio, te quiero, te quiero matar, te odio porque te admiro, te admiro porque te odio y vos te mostrás intacta, te quiero porque te odio y aún así me seguís queriendo tanto como antes, te admiro porque te quiero aún mostrándote lo opuesto y vos continuás haciendo todo por darme lo mejor y verme totalmente bien. Esa es de las cosas que digo que, en nuestro vínculo, no varían. Tengo la certeza de que puedo convertirme en el peor ser de la tierra, y aún así vos vas a estar al lado mío, tratando de enderezarme, seguramente; queriendome devolverme mi esencia, esa que te (les) debo en un cien porciento. Es que eso me pasa con vos, Ma. Siento que soy vos en yo, que soy exactamente lo que vos hiciste de mí, que soy quien soy por vos. Y va más allá de nuestro parecido físico, y de la diferencia extrema de nuestra forma de ser.
Sí, es cierto, yo también me formé por mi lado, caminé al revés de lo que muchas veces pretendiste, o caminé de costado. Dije blanco cuando vos dijiste negro, hice todo cuando vos no quisiste que haga nada y me quedé mirando el techo cuando pretendías que remueva el mundo. Grité cuando esperabas silencio y me callé cuando pretendías explicaciones. Hice todo menos ordenar mi cuarto cuando me dijiste que ya no daba para más una y mil veces, y me quedé hasta las cinco de la mañana poniendo un poco de órden cuando me dijiste que por favor me vaya a dormir temprano. ¿Y aún así digo que soy quien soy por vos?
Y, en eso consiste la cosa, también, ¿no? En que vos digas A y yo diga B, y todo lo anterior ya explicado que no tengo gana alguna de repetir. Hoy es tu cumpleaños y te pinta el bajón, y te ponés triste porque estás cerca de los cincuenta y a mí, hoy, me toca decirte cosas lindas y no criticarte como decís que hago todo el tiempo. Quiero que sepas que sos preciosa, la más linda para mí, que sos la mujer la cual aspiro a ser (aunque naturalmente no lo creas), que a veces me sorprende tu bondad extrema y que tus defectos, los que tenés porque todos los tenemos y que son insoportables, no hacen más que seguir dejando en evidencia tu bondad y tus ganas del bienestar general. Porque, aunque muchas veces me rompa las pelotas escucharte decir "tolerancia", "paciencia", y esas cosas, tomo esas palabras como leyes para mis relaciones con otras personas y más de una vez me encontré repitiendo tus mismas oraciones en conflictos ajenos.
Gracias por todo, Ma. Esto no me salió como quería, pero esta vez voy a tener que bancarmela porque no quiero que pase este tres de septiembre sin que sepas cuánto te quiero, cuán importante sos, y cuánto influye tu felicidad en la mía. Mucho, mucho y mucho, respectivamente. Aunque me parece una idiotez aclararlo. Feliz cumple, Tere. Gracias por, más que nada, bancarme en todas mis locuras, y aunque te cueste, hacer el esfuerzo por seguir y entender mis cinco mil palabras por milésima de segundo, mis "es el peor/mejor día de mi vida", las peleas con Anita, los llantos sin explicación, los tan odiados y escuchados "voy a repetir", y todas esas cosas que los que vivimos en esta casita con pared de ladrillos y una perra que se llama Pampa conocemos."

Un feliz cumple atrasado y un feliz día adelantado.