Me costó mucho que papá y mamá entendieran que de verdad necesito un kinesiólogo o traumatólogo (nadie sabe bien cuál, pero la cuestión es que me duele mucho la parte de la espalda de arriba y el cuello). Me puse tan de mal humor al explicarles que me dolía mucho y que por favor hicieran algo, que empecé a llorar. No entendí por qué, pero no podía parar. Mientras dejaba la mesa mojada y hacía dibujos abstractísimos, pensaba que tal vez era porque hacía mucho no lloraba y ahora que había empezado, tenía que seguir hasta deshidratarme. El punto es que papá me preguntó: ¿qué es lo tuyo?
¿Qué es lo mío? me pregunté. Una vida vacía de emociones, sin incentivos, sin aspiraciones al futuro, sin objetivos, sin sueños. Sin sueños. Ayer vi Elsa y Fred, película hermosa. Dos viejitos que se enamoran. Elsa que sueña por más de tener ya muchos años, Elsa que está por morir y sin embargo nunca deja de soñar. Elsa que cumple su sueño. ¿Y yo? ¿Yo que debería ser una joven entusiasta, llena de sueños, de ideales, de dudas, de ganas de hacer una y mil cosas? Yo sólo quiero dormir, comer, mirar tele, conectarme, salir a bailar, y volver a dormir.
En ese instante pasaron miles de ideas por mi cabeza, y hasta me enojé con papá por hacerme esa pregunta. Él sabe de mi casi "trauma" existencial, del qué carajo voy a hacer con mi adolescencia y con mi vida. Entonces, fastidiada, le pregunté: ¿qué es lo mío de qué?
Y me dijo: ¿qué parte de la espalda te duele?
Para lo único que sirvieron esos quince minutos fue para que papá se digne a llamar al doctor y para que yo me bajonee un rato, y para darle una justificación visible a mis seguidas más lágrimas y malas contestaciones, terminé discutiendo con mis señores padres por un tema que no tiene sentido ni que lo nombre.
Chau, estoy en negativo hoy. Ahora por lo menos.