porque no está mal que terminen las historias mientras haya historias que contar

19.6.13

El lobo


Se acostó. Se tenía que levantar temprano al otro día, tenía que ir a cursar y después al trabajo. Capaz más tarde le quedara tiempo para ir a visitar a sus abuelos, los únicos que le quedaban vivos: hacía semanas que les prometía (y se lo prometía a él mismo) que iba a ir a verlos, pero nunca encontraba el rato. También tenía que estudiar, se estaba atrasando mucho, seguramente no iba a llegar bien para el parcial, qué garrón. Venía dividiendo las páginas de todo lo que rendiría una semana después para que no se le acumule, pero no empezaba nunca, porque encontraba excelentes excusas para arrancar al día siguiente.

Tenía ganas de ir a bailar, era jueves, re podría haber salido hasta las siete de la mañana e ir a la facultad fisura, o no ir, total los viernes tenía un teórico poco importante, que no tomaban lista. Pero no, pensó. Si salía iba a perder todo el día y no iba a poder por fin estudiar para el parcial de Economía I, ese para el cual venía prometiendo estudiar desde hace mucho. Y tampoco iba a poder ver a los abuelos, si salía, entonces no, no salió, se quedó acostado, pero todavía no podía dormirse.

A todo esto, Camila. Qué ganas de verla tenía. No, no tenía ganas; tenía ganas de tener ganas. Porque ella lo amaba, y a él lamentablemente no le estaba pasando lo mismo. Desde hacía meses que pensaba en cortarle, pero no podía. Por un lado, le daba mucha pena. Hacía cuatro años y medio que estaban juntos, además ella era bastante más chica: era demasiada responsabilidad. Por otro lado, no estaba seguro, quizás en un tiempo le renacía el amor, y no valía la pena terminar por una confusión.

            Pero Nicole le revoloteaba en el cerebro, su amiga de la facultad, que no le tiraba ni un poco de onda, pero a él le fascinaba, y más le gustaba que ella tuviera novio, y que él también, y que fueran primos segundos antes que amigos, aunque se habían conocido recién en la UCA. Él nunca le dio a entender nada, porque era solo calentura, pero las ganas le pinchaban la tranquilidad casi todas las noches, y esa no era una excepción.

            Tenía que ir a hacerse unos análisis en la semana siguiente, eso también pensaba mientras intentaba dormirse. Le venía doliendo mucho el pecho, quizás tendría que dejar de fumar, consideraba también. Un atado por día religiosamente desde los 17 años seguramente tendría sus efectos. Pero no, no podía estar pasándole a él, seguro que no, pero por las dudas iba a ir al doctor.

            Dio unas vueltas en la cama, los distintos temas que lo preocupaban saltaban como ovejas que lo despertaban a cada segundo más. Contó uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis. Contaba ovejas, pero saltaban problemas. Al final se durmió. 
Y al otro día se murió.

6 comentarios:

  1. Y bueno... de algo hay que morirse.
    Ahora toca saber de qué se murió éste tipo.

    Saludos

    J.

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  2. Natalia, es increíble lo que escribis.

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  3. me encantan tus deslizes, sos una genia flaca!

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  4. Se me llenaron los ojos de lágrimas, que grande.

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  5. Anónimo15:49

    No nena, me mataste a mi con este texto. Que increible, que real lo que transmitis!

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  6. Anónimo12:28

    Me encanta! Me senti muy identificada. Increible tu blog

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Yo deslizo, tu deslizas, él desliza, ellos deslizan, nosotros deslizamos, vosotros deslizáis.