porque no está mal que terminen las historias mientras haya historias que contar

23.8.15

Qué garrón

"Qué garrón", pensé cuando los vi desde el auto ahí, echados en el verde al costado de la autopista. "Qué paja que ese sea su plan de domingo", seguí hablando conmigo misma. Mientras me dirigía a no importa dónde, bastante rápido, en el coche de Nico.

Seguimos por ahí media hora más y a cada rato se veían grupos de personas disfrutando del último día del fin de semana en esos pastos. Algunos jugaban al fútbol, de todas las edades y mezclados, y en un grupo se veía, perdida entre ellos, una chiquita con dos colitas intentando estar a la altura de los varones. Otros tomaban mate, comían y charlaban; unos pocos parecían hablar seriedades; el resto, de esas nimiedades que divierten. También estaban los que tomaban sol, desde el mismísimo cesped o una reposera. Porque sí, el clima estaba hermoso, lo recordaba de cuando me había subido al auto.

Porque, cierto, yo estaba en la autopista, apurada por llegar. Mientras tanto, uno que acababa de meter un gol en el arco que había armado con dos buzos, pensaba "qué garrón andar apurado en auto un domingo así de lindo".

18.8.15

En el cuello sí

"En el cuello no, en el cuello no", pensaba mientras se iba acercando con su boca a un rítmo lentamente excitante. Claramente podía frenarlo, pero ¿por qué? Si en realidad me fascinaba. Lo que me limitaba era esa puerta que se abre con los besos en el cuello, esas ganas que tenía miedo de tener. Esas ganas de que me conociera toda, aunque en realidad, de alguna forma, no hay lugar más íntimo que el cuello. "Entonces en el cuello sí, dale", pensé, aunque ya no tenía opción. Y me entregué, hasta que los escalofríos fueron tales que moví la cabeza hacia un lado, como sacándolo pero con obvias intenciones de que volviera, porque quería hacerle saber que eso me encantaba, y todavía más porque parecía que a él le fascinaba también.

"Sos adictiva", me dijo al despedirnos. Yo ya le había dado el último beso e incluso empezado a caminar, pero volví y lo besé otra vez, como para darle esa dosis final y que terminara de confirmar que yo era su droga preferida. Me fui comprendiéndolo, porque yo tenía esa exacta sensación: ¿cómo no nos iba a viciar sentir al extremo y generar lo mismo en el otro? Fuera cual fuera el que desencadenara al otro factor; de que los dos teníamos los sentidos al límite no había ninguna duda. 

No podía parar de respirarle sobre el cuello. No solo tenía el perfume más rico que había sentido en mucho tiempo, sino que en su piel quedaba mejor que en cualquier otra. Hasta ahí llegué con besos, después pasé apenas la lengua, hasta que volví a comprobar que los perfumes son ricos para oler pero no para chupar. Entonces me quedé ahí, respirando, exagerando mi exhalación para lograr estremecerla. En eso torció la cabeza para un costado percatándome de que mi objetivo estaba siendo cumplido. Le había erizado todo el cuerpo, y saber lo que le estaba generando me gustaba tanto o más que su piel, su perfume y todos mis sentidos sobre su cuello. Que, pf, eso ya me volvía loco.

"Sos adictiva", se me escapó cuando nos saludábamos. No quería decírselo, pero como una droga no pude evitarlo; no podía evitarla a ella, a sus besos, a su piel, a su perfume. No la quería dejar ir. La quería más y toda, aunque durante mi batalla pacífica con su cuello ya la había sentido perfecta y mía. Pero no me alcanzaba, y con el tiempo supe que nunca me alcanzaría. No porque a ella le faltara algo, sino porque a mí siempre me iba a faltar ella. 

21.7.15

Al menos me brilla el costado

El clima era sumamente hostil. Nicolás sabía que la lastimaría y Belén, que sería lastimada. Ya se imaginaba a sí misma yéndose llorando, y él intentando frenarla con esos mimos de consuelo pero sin arrepentimiento alguno. Él siempre estaba dispuesto a pagar cualquier precio por hacer lo que quería, y más si el dinero era dolor ajeno. 

Era una vez más de tantas. Ese living con luz demasiado blanca, afuera el cielo gris y lluvioso, frío en todos lados. El escenario típico de esos finales que no terminan nada. Porque no eran nada, nunca lo habían sido. Sí en las charlas de ella con amigas, en sus escritos en word, en sus tuits, en sus noches de desvelo. Pero nunca en Nicolás, y él jamás había tenido problema en que ella lo tuviera bien claro. "No somos nada, eh". Como quien dice "¿cargás SUBE?".

Fue entonces que la miró a los ojos y empezó a hablar. "Belu... No te va a gustar lo que te voy a decir, pero vos sabés, yo voy de frente", dijo, orgulloso de la frase final, que en realidad encubría un egoísta afán de lastimar a las personas sin escrúpulos. Nicolás no conocía la palabra "culpa", y hacía trending topic el "voy de frente". "Suena bien, pero se siente mal", había escrito Belén alguna vez.

Entonces ella lo miraba, ya con los ojos llorosos como por las dudas, toda chiquita (más allá de su metro y medio, estaba chiquita de voz, de fuerza, de amor propio). Callada y sin moverse, solo con los ojos, entregaba su roto y averiado corazón. Así, de antemano, antes de que Nicolás dijera algo significativo. Lo daba porque nadie cuida algo que ya está todo despedazado. Lo daba porque no conocía otra manera de mirarlo. Lo daba porque ya se lo había dado hace mucho. Lo daba porque ya no tenía opción. 

Nicolás continuó: "...que para mí esto ya está, me cansé, me aburrí. Sos parte de mi pasado". Belén cambió la expresión de repente. Frunció el ceño e inclinó la cara para un costado. El otro, en consecuencia, hizo lo mismo. Esperaba pedidos de volver a pensarlo, lágrimas, tal vez gritos, una escapada rogando que él la buscara, otra cosa. Algo que siguiera mimando su ego. Pero nunca hubiera imaginado que ella lo miraría con esa cara, y menos que menos que después sonriera como lo hizo. Exhalando por la nariz, comprendiendo, aceptando, coincidiendo. Para más sorpresa, le dio un beso en la mejilla y se fue.

Al llegar a su casa, seguía con la misma sonrisa. Abrió un word en su computadora (un archivo nuevo) y escribió: "si soy parte de su pasado, soy parte de él. Fui. Soy. Y ahora que sé que soy, también sé que ya no quiero ser". Así fue como apretó la cruz de la esquina y cuando le preguntó si quería guardar los cambios ella eligió la opción no guardar.

9.7.15

A la Luna llegaron varios

Después de vasos de todas las formas y colores, bailes ridículos y charlas sin sentido, Luna entrega su corazón en una cama. Una cama desconocida, una cama que lo pierde entre las sábanas porque el destinatario no se preocupa en atajarlo. Por momentos ella jura que hay una mirada especial, por momentos ella se siente amada entonces eso la hace amar. Al otro día (recién cerca de la noche) descubrirá que no, y que como siempre en ese tipo de noches todo terminó sin terminar, dejando a los dos sin entender cómo fue que entre tanta pasión se atrevieron a quedarse dormidos.

Se despierta, esquiva besos porque no se lavó los dientes. Besos con fin, besos para acabar lo que no se concluyó algunas horas atrás. A Luna no le gusta la mañana, así que sigue evitándolos con una simpatía inmensa que ya empieza a no tener. De repente él se resigna, o tal vez ella, pero ya nada los une. Con ese terror del "que quiera que me vaya y no se anime a decírmelo" y con ganas locas de que la frene, anuncia su retiro. Ni "no te vayas", ni "te llevo", ni "¿cómo te vas?". "Te abro". Se despiden con un beso en la boca y Luna se va. Vestida de noche, de luna, pero a plena luz del día. A contratiempo.

Pasan las horas del día, tiene sueño, claro, casi ni durmió. Andá a saber a qué hora les ganó el sueño y a las 11:30 ya estaba despierta, esperando a que el otro hiciera lo mismo para que pasaran todos los actos seguidos que sabía que pasarían. Con la llegada de la noche la invade una sensación que niega pero que en algún momento, a eso de las siete de la tarde, ya con la luna en el cielo, asume. Le pesa, le duele, no la entiende. Si no hizo nada mal, ¿por qué sentir culpa? Tal vez porque dejó un corazón en la cama de un muchacho que no quiere tenerlo ni ella que él lo tenga. Y no lo puede ni buscar porque no sabe la dirección.

16.6.15

Mi sueño es ser feliz

Soy una abanderada de disfrutar el momento. No, en serio. Te lo digo de verdad. Sacando lo trillado de "lo único que tenemos es el presente" y "disfruta el hoy porque el mañana no existe". Literalmente lo único que me interesa es estar bien AHORA. Algunos pensarán que es inmaduro y hasta retardado: en Psicología o Filosofía aprendí que una de las tantas cosas que nos diferencian de los animales tiene que ver con poder prever, con asegurar un bienestar futuro. Seré un animalito, tal vez.

Lo que creo que debo, los que otros creen que debo, lo que siento que es correcto, lo que me parece, lo que me gustaría, lo que queda bien; todo eso está por debajo de lo que me hace feliz. Vivo tratando de eliminar toda cosa que me hace mal, por más pequeña que sea. Molesta, vuela. Incomoda, lo rajo. Me da paja, chau. ¿Por qué tengo que tener cosas en mi presente que no tengo ganas de tener? ¿Por qué pudiendo estar increíblemente bien tengo que estar más o menos? Porque no hay que estar mal para eliminar lo que nos hace mal. No hace falta llegar a eso. Yo vivo puliendo mi felicidad para que esté en su punto máximo posible todo el tiempo.

"Qué huevos que hay que tener para dejar todo por un futuro mejor"... Ja! Me río en sus caras. Los aplaudo, sí, es meritorio. Pero HUEVOS lo que se dice HUEVOS es lo que hay que tener para abandonar cualquier construcción de un buen mañana solamente para ser feliz en un hoy. ¿Y saben quién pone huevos? La gallina. Un animalito.

Cuando me preguntan "¿cuál es tu sueño?" me pongo bastante histérica. No tengo ni idea qué quiero, o mejor dicho sí, lo que no sé es cómo. Pero mi sueño es ser feliz. Y lo cumplo un poquito todos los días. Si siempre va a estar más allá, no tiene sentido.