porque no está mal que terminen las historias mientras haya historias que contar

9.5.15

Pont des Arts

Páginas amarillentas, inscripciones en lápiz, olor a que otros ojos ya pasaron por ahí. Leer un libro ya leído y marcado por alguien me hace entrar en un diálogo con ese alguien. Lo quiero, me río, charlo, pienso por qué marcó esa frase; difiero o avalo. Converso. Conozco una de sus partes más puras, porque nadie piensa en el segundo lector a la hora de marcar "paralelepípedo" y anotar, al lado, "jaja". Y, en el mejor de los casos, se arma una relación triangular: escritor-primer lector-segundo lector. Ay, este Cortázar que se las manda. Y ¡Ay! Esta Valentina que no se las deja pasar. 

28.4.15

En sus manos

Como tantas otras veces encontró una excusa para no estudiar. Sacó esmaltes de un estuche y los apoyó arriba de las fotocopias sin cerrarlas. Mientras se pintaba las uñas pensaba si la mayoría de las mujeres compartiría su lógica: pintarse primero la mano hábil (es decir, usar la no hábil) para sacarse de encima la peor parte. En su caso era comenzar coloreando la derecha. Además le parecía mejor que la incomodidad posterior de pasar el pincel con las uñas recién pintadas fuera con la mano buena, para que no se haga demasiado desastre. Lo pensaba siempre desde que lo había pensado por primera vez (antes lo hacía sin cuestionarse, probablemente empezando con lo más fácil, con algo de esa actitud infantil de considerar sólo el ahora).

Recordó que una vez, a los 4 o 5 años, o quizás 3, estaba en una quinta con su familia y le compraron un helado. Era palito, mitad frutilla y mitad chocolate, dividido verticalmente. El sabor rosado no le gustaba, pero sí el oscuro (y muchísimo). Entonces con algún análisis extraño para una niña eligió tomar el de frutilla para luego disfrutar de su preferido. Así fue como chupó sólo un costado del helado y por lógica, gravedad, física o química; justo cuando absorbió lo último frutal que quedaba y todo el resto era puro chocolate tentador, éste pedazo se desprendió y cayó al piso, dejándola sosteniendo un seco y desolado palito.

En ese instante se pintó toda una cutícula y un poco más, a pesar de que ya estaba usando la derecha. Fue entonces que con la mitad del dedo índice con esmalte y dos uñas sin pintar agarró el celular y llamó a su papá.
- Quiero dejar la facultad. No, pará. Dejo la facultad. No, no, pará. Dejé la facultad - le dijo, sin permitirle responder, ni suspirar, ni respirar. Y cortó, con violencia, despintándose un par de uñas en la vorágine. Pero no le preocupó. No ese día, y desde entonces nunca más.

Primero lo primero. 

1.4.15

Vamos

Haceme canción, o cuento, o gol. Haceme lo que a vos te apasione. Haceme eso que sentís que te sale bien. Haceme eso que sentís. 

Convertime en aquello que te llena, que te encanta, que te enamora. Y si es en secreto, si nunca me entero, mucho mejor. Porque ni siquiera lo vas a haber hecho para impresionarme. Vas a haber deseado tenerme, solamente para vos, ahí, a la altura de tu acción preferida en el mundo. 

Ahí gané, y te juro que no lo voy a querer destronar. Me vuelvo loca por cantar, escribir o meter un gol con vos. O hacer lo que sea que te apasione. Aunque lo hagas mal o sea algo no poético. Si es lo tuyo, si lo amás, dale, vamos. Rompamos heladeras, matemos mosquitos o hagamos ring-raje. Lo que sea.

Yo, mientras, acá, te hice texto. Lo que me apasiona, lo que me sale, lo que se me escapa. A vos, pibe sin cara. No sé quién sos, pero ya ganaste. Te espero para escribir juntos cuando quieras. 

8.3.15

SolDía

Suena "Ya pasó". Estoy acostada en la cama, con la notebook, boca abajo, con los sentimientos a flor de piel y los dedos fluyendo sobre el teclado tratando de dejarlos escapar porque sino me asfixian. Una suerte de Carrie Bradshaw del tercer mundo. Con más kilos y menos zapatos. Y sin fumar porque mis papás no me dejan.

Los domingos hacen que me mire los pies. ¿Dónde estoy? ¿A dónde voy? ¿Qué hago yo esperando un puto as? Sigo en zapatillas, y eso me alegra. No sé bien a qué lugar me dirijo pero voy convencida, como si supiera. Ya no espero la carta ideal, y tampoco sé de cartas de póker, la verdad. Me chupa un huevo el as, digo truco con un doce y que pase lo que tenga que pasar. 

No me veo las uñas de los pies (ya dije, estoy en zapatillas) pero igual me las cuestiono: es domingo, me voy a plantear hasta lo que no exista. Las tengo alternadas, una verde y una negra, y así. Ya a punto de saltarse. Todo sigue igual de bien. 

Pero de repente pienso que tal vez debería estar en tacos, y tener todas las uñas del mismo color y recién pintadas, y aprender de cartas de póker, y cual GPS tener la noción exacta de a dónde camino. No sé. Si estuviera convencida, no sería tan domingo. Porque hay domingos y muy-domingos y claramente hoy sobra. Desborda. Por eso se me escapó de los dedos y ahora está en estas palabras. Capaz así lo tenga menos en las entrañas. 

27.1.15

Yo tan porteña, vos tan el mar

Siempre estás ahí, esperando a que te visite. Ni tan cerca como para que te vea seguido ni tan lejos como para que te pueda dejar. Firme, intenso, igual, único. Y yo igual a tantos otros, débil, cambiante, nómade.  

La que elige soy yo. Yo voy y vos me esperás con los brazos abiertos. Pero eso no me hace más poderosa porque si no me sumerjo más seguido es porque estás lejos. Porque somos distintos. Porque tengo miedo de tener ganas de no volver. Porque tenés todo lo que quiero y no soy.

Sos paz y a la vez, un vaivén constante. Sos la calma que mi rítmo de ciudad necesita y el rítmo de ola tras ola que mi uniformidad urbana pide a gritos. Y sollozos. Porque yo levanto la voz, lloro, pataleo; soy escándalo. Y vos ahí, como si nada te inmutara. Alrededor pasa de todo y vos siempre tan igual. 

Y, al final, creo que ni te conozco. Apenas tengo un poco de orilla, porque siempre te encargás de expulsarme con tus olas, de que no te sepa bien el fondo, de que me canse. Con suerte, los días de bandera celeste puedo sumergirme un poco más. Pero sos inmenso, y yo tan chiquita. Eso: te quedo chica. Pero, como todo, no te interesa. No te cambia. Ni eso ni nada. 

Entonces me vuelvo a la ciudad, a mi mundo, a mi vida. Con la angustia de que me voy sintiendo que me falta algo mientras vos seguís como si yo nunca hubiera pasado. Me subo al auto y pienso que te parecés al mar, con la diferencia de que vos das unos besos que me encantan y vivís a algunas cuadras de mi casa.