porque no está mal que terminen las historias mientras haya historias que contar

24.4.13

Pampa II

Dudo. En serio estoy dudando. No sé si me parece hermosa porque la quiero, o es realmente bella. Quizás en serio lo es. Pero, ¿será tan linda porque la quiero? Dicen que esas cosas influyen. O capaz que simplemente a mí me parece preciosa. Entonces, ¿la adoro porque me parece preciosa? Siento que aunque fuera fea, la amaría con el alma. Pero, como tantas cosas: no lo sé.

Es violentamente bella. A veces me dan ganas de estrujarla o morderla. Fuerte, pero sin que le duela, en esos lugares estratégicos en los que le sobra tanta piel que ni se inmuta. Igual, no lo hago tan fuerte, no podría jamás. 

Ladra mucho, no sé por qué. Suelo preguntarme qué quiere decir. Puede que nada, que simplemente lo haga por instinto, por aburrida, porque le pintó. Pero me parece raro. Lo hace como indignada, realmente irritada y molesta, y con esa actitud de "tengo todos los motivos del mundo". Yo digo que "no le cabe una".

Nacho dice que es igual a mí. Por atolondrada, extremadamente activa e inquieta. Aunque negra. La verdad es que sí, nos parecemos un poco, solo que yo sé por qué me indigno, irrito, molesto y "tengo todos los motivos del mundo". Lo que no suelo darme cuenta es por qué estoy bien. Supongo que a veces será simplemente por la ausencia de razones para fastidiarme y ladrar. Pero, ya hace muchísimo tiempo aprendí a no dudar algunas cosas, como por ejemplo si Pampa me parece hermosa porque la quiero, o si es realmente bella.


10.4.13

Hazte fama II

A ella ni le gusta, entonces sale a verlo muy "todo me chupa un huevo" y en pijama. A él, ella le encanta, se puso todo prolijo, un poco cheto, perfumadísimo y se hace el canchero. Con solo pasar, me sentí en una nube aromática interminable.  ¿Y si ella tiene esa personalidad, de que no le importa nada, pero en realidad sí le gusta él? No, acá en Flores no viviría un snob así. Él, entonces, es medio de barrio también. Pero de esos que caretean presunción. Bueno, capaz no.

Un cachorro ladra por allá. Un nene y un chabón cruzan la calle. El perro sigue ladrando. Un camión de basura me distrae con su bocina. Tal vez a un auto que frenó de golpe. Capaz, no.

Ella se mueve inquieta, "que se vaya por favor". El se pone en postura de "de acá no me sacan más". "Si no se arregla el tanque..", dice. Ah, entonces no le gusta ella, fue a molestarla con algo de la cloaca y esos temas vecinales. Y ella se lo quiere sacar de encima porque no le pinta poner 200 mangos. O quiere que se vaya porque después los ve el marido que ya sabe de su amorío. O que ya sabe que hay onda, mutua o no. O mutua, o unilateral. O por ahí el hombre ya se le tiró mil veces y ella no se lo banca. A él lo ratonea que ella sea así, medio fisura, de barrio. O lo ratonea que ella lo odie y por ende no le moleste salir a verlo a lo "no me importa nada". Justo pasa por acá, con la malla roja de hombre y una bata. El perro me olfatea. Creo que sabe lo que escribo. Capaz, no.

Al final, él se va para un lado, y ella para el otro. A los hechos, el remate es solo uno. Jaja, obvio: capaz, no.

8.4.13

La misa, un paréntesis en la cotidianeidad

Si los cuatro evangelios que posan sobre el techo dorado pudieran ver y hablar, dirían que en la misa de Jueves Santo, la Basílica de San Carlos Borromeo y María Auxiliadora está repleta de cabezas canosas, un par rubias, morochas y castañas, y otras pocas particularmente más pequeñas, que se mueven inquietas.

Al entrar al templo, la mayoría se persigna, tal vez para invocar a Dios y así despojarse de la furia de la ciudad. Creyente o no, el clima de fe y devoción es innegable. Como si tras hacer el gesto de la cruz, al apoyar la rodilla sobre el piso o amagar con hacerlo, o previa sumersión de su mano derecha en agua bendita sobre la estatua de un ángel; la interioridad de la persona fuera otra. Como si ese mismo que insultó al taxista que le corrió el espejo del auto quedara puertas afuera, y ahora estuviera en su lugar un enamorado de la paz eterna.

Las cabecitas intranquilas son de niños cuyas madres o abuelas tironean de las manos para que no alteren la velada. También hay bebés, cuyos esporádicos llantos acompañan, de a momentos, el discurso del cura, que pide gloria para Jesús, y que recen, canten, se paren, se sienten. Por momentos los chistidos de los mayores son más fuertes que las intervenciones de los infantes. Un chico de 7 se espanta al ver que el sacerdote le lava y besa los pies a una anciana. Una nena de 5 años no entiende por qué una chica la saluda y le dice “que la paz esté contigo”, si ella está en paz, si se está portando bien. 

Algunos van a buscar su hostia, y todos salen a la calle. Los viejos, los adultos, los bajitos. Parece como si otra vez hubieran recuperado al que dejaron afuera. Algunos prenden un cigarrillo. Una mujer está lista para subir la ventanilla del auto si le vienen a pedir una moneda, aunque minutos antes rezaba por el prójimo y la misericordia. Un niño puede preguntar (depende de qué) sin ser chistado. Una señora mayor puede volver a lavarse los pies, sola. La misa terminó.

4.4.13

Escribir es como vivir

La felicidad íntegra en un presente es una utopía, siempre lo pensé, por más desalentador que suene. Yo me encargué de convertirlo en positivo: ese camino, hacia ella, es mágico, es la vida, y creo que intentando ser feliz en el trayecto, se puede ser feliz de todas formas, por más que ella como "perfecta" y "completa" esté en el horizonte; y como bien dijo Galeano, se aleje a medida que yo me acerco.

Con escribir me pasa algo similar. Es una expresión de aquello que entiendo que pasa en grandes términos. Tengo una idea, un pensamiento, un sentimiento; me muero de ansiedad por pasarlo a palabras. Entonces empiezo a redactar, pero la hoja en blanco me inquieta, me incita a querer terminar, a poder cerrar ese sentimiento, respetando lo más posible cómo se me presentó a mí, esforzándome por no haberme extraviado en palabreríos y perdido en la intención.

Finalmente al texto lo termino. Y de repente, como si nada, aparece un vacío, como si esa búsqueda de perfección al ordenar las palabras hubiera sido un desasosiego que, sin darme cuenta, me generara bienestar; como si esa ansiedad me diera una satisfacción de ese tipo de la que sólo te das cuenta cuando quedó atrás.

También ya lo pensé alguna vez: el hombre feliz es aquel que aprende a disfrutar de los recuerdos habiendo matado la nostalgia. Pero, después, lo entendí bien: el hombre feliz es el que se da cuenta de que es feliz cuando lo está siendo, y no un rato después. Igual, siempre va a ser así: el hombre es un eterno buscador. Y qué bueno que así sea. Yo me aburriría, sino.

23.3.13

Hazte fama

Es un problema matemático. El llanto del bebé del 4to 'B' sumado a los gritos de "la loca del 1ro 'A'" dan una madre maltratadora de su hijito. Así le dice el del 2do 'G', porque justo una tarde cuando trataba de dormir la siesta escuchó al infante llorando y a la mujer, irritada en un tono muy alto. En cambio, una noche, los del 4to 'F' estaban haciendo el amor y se vieron distraídos (en el acto sexual, porque al amor no se lo puede distraer) por la voz elevada de la mujer del 1ro 'A', que discutía con un hombre. Ellos lo escucharon mejor: ella le decía que iba a seguir tomando las pastillas, que era demasiado joven para tener hijos. Él, casi violentamente (y los del 4to 'F' juran haber oído golpes), le respondía que ahora era el momento. La parejita feliz, desde entonces, la llama "la maltratada". Pero ellos no se salvan. "La loca" o "la maltratada" del 1ro 'A', que muchas veces se fastidió por haber escuchado sus gemidos (un poco molesta de más porque en ellos se distinguía amor, ese que le faltaba a su pareja, hubieran jurado los del 4to 'F'), los llama "el viejo verde y la nena", porque una vez vio entrar a la inquilina (de unos 20) con un hombre mayor. El matrimonio anciano del 2°D sabe que no es así, porque ese "viejo verde" en realidad no era más que uno de ellos, que iba a cobrarle el alquiler a la joven. A ellos, los del 3ro 'A' los tienen como unos buenísimos abuelos, porque por la ventana, el llanto del bebé del 4to 'B' se superpuso con la vieja hablando sola dormida, de una manera interpretable como "dulce", y justo el bebé se calló; sin embargo, la del 1ro 'F' los recuerda como "los jovies ortivas que no me abren cuando me olvido la llave"; y el fisura del 1ro 'G', no sabe que existen, aunque varias veces los abuelos lo miraron con mala cara por sentirle olor a marihuana, aunque no supieran bien cuál es; pero Nacho nunca se dio cuenta (estaba re loco).

En realidad, nadie sabe nada de nadie. Suman apariencias y obtienen verdades subjetivas. Es que en verdad, nada tiene de matemático. Las percepciones de las personas sobre otras, a nivel sociedad, pero potenciado en el micromundo que representa un simple edificio, presentan respuestas infinitas, variadas y a veces, hasta opuestas.

Bueno, no sé qué me hago la socióloga, mejor me voy a lo de Nacho a mirar por la ventana y hacer cuentas equivocadas. Lo clave es siempre estar dispuesto a cambiar el resultado.