porque no está mal que terminen las historias mientras haya historias que contar

27.1.15

Yo tan porteña, vos tan el mar

Siempre estás ahí, esperando a que te visite. Ni tan cerca como para que te vea seguido ni tan lejos como para que te pueda dejar. Firme, intenso, igual, único. Y yo igual a tantos otros, débil, cambiante, nómade.  

La que elige soy yo. Yo voy y vos me esperás con los brazos abiertos. Pero eso no me hace más poderosa porque si no me sumerjo más seguido es porque estás lejos. Porque somos distintos. Porque tengo miedo de tener ganas de no volver. Porque tenés todo lo que quiero y no soy.

Sos paz y a la vez, un vaivén constante. Sos la calma que mi rítmo de ciudad necesita y el rítmo de ola tras ola que mi uniformidad urbana pide a gritos. Y sollozos. Porque yo levanto la voz, lloro, pataleo; soy escándalo. Y vos ahí, como si nada te inmutara. Alrededor pasa de todo y vos siempre tan igual. 

Y, al final, creo que ni te conozco. Apenas tengo un poco de orilla, porque siempre te encargás de expulsarme con tus olas, de que no te sepa bien el fondo, de que me canse. Con suerte, los días de bandera celeste puedo sumergirme un poco más. Pero sos inmenso, y yo tan chiquita. Eso: te quedo chica. Pero, como todo, no te interesa. No te cambia. Ni eso ni nada. 

Entonces me vuelvo a la ciudad, a mi mundo, a mi vida. Con la angustia de que me voy sintiendo que me falta algo mientras vos seguís como si yo nunca hubiera pasado. Me subo al auto y pienso que te parecés al mar, con la diferencia de que vos das unos besos que me encantan y vivís a algunas cuadras de mi casa. 

22.12.14

Un poquito de pesimismo pa' los pibes.

¿Pensar o no pensar? ¿Quién tiene la receta de lo que hay que hacer cuando tenés el alma partida al medio? Tal vez si no le dedicás tiempo en tu cabeza, te vaya a doler menos. O quizás te haga pelota más adelante, cuando la realidad te haga ver, oler, tocar, escuchar y hasta comerte lo que te está pasando.

Supongo que a cada persona le sale manejarse de formas distintas, y les servirá a algunas y a otras, no. De todas formas, no sé qué tan importante es si elegís darle un pedazo de tu mente a la angustia o evitarla por completo. Porque cuando te golpea, a la razón la anula por completo. Hasta que empieza a funcionar otra vez y ahí agarrate porque si se le ocurre detenerse en la desgracia..: no hay más infeliz que el que es muy consciente de que es infeliz (así como no hay persona más feliz que la que se da cuenta -a tiempo-).

¿Te pasó de vuelta, no? El "qué feliz que soy" llegó en forma de "qué feliz que era". Y bueno. Lo malo de lo bueno es que uno se acostumbra. Y lo bueno de lo malo es lo mismo. Ojalá la mierda que te rodea se arregle, pero si eso no pasa, se va a convertir en tu nueva realidad y tal vez, conviviendo con eso, hasta vuelvas a ser feliz -o eso creas, que es casi lo mismo-. 

8.12.14

Hoy tampoco

Es una noche más. Como toda noche más, es hoy. Hoy es diferente.

Capaz piensa mil horas qué ponerse o tal vez se pone "lo primero que encuentra". El destino lo eligen sus amigas. Casi que no tiene lugar en esa elección. Y eso lo hace más especial. Es hoy. Así son las historias que le cuentan. Si está enojada, de mal humor; si no quiere ir, si prefiere otro bar... "Yo estaba enojado y triste el día que te conocí, triste porque estaba solo y enojado porque sí"...

Finalmente se pone ese vestido que le queda mejor que cualquier otro, el corpiño que le hace las tetas más lindas, el maquillaje exacto entre natural y femenino. Se toma tres vasos, lo ideal, sin pensarlo, pero ya se conoce: lo suficientemente fisura para ser sin restricciones pelotudas y lo exactamente limitada para no papelonear. 

Pasan seis horas. Cinco. Siete, tal vez. O puede que ocho. O quizás cuatro. Horas de un no sé qué que no puede describir: no por el fernet y el vodka sino por el vaivén inapalabrable. Ese vaivén que nadie puede reconocer. Ese vaivén de catástrofes para algunos, aciertos para otros, nadas para unos cuantos.


Vuelve. Llega. Puso canciones en el camino porque tuvo ganas de encasillarse en algún sentimiento musicalizado pero reconoció que no hay canción que exprese "hoy tampoco". No sabe qué cosa, pero vuelve con un "hoy tampoco" que le pesa en la espalda.

¿Para qué pensé en la ropa?, se dice, mientras se saca ese pedazo de tela apretado y corto que con suerte podría ser un vestido. ¿En serio me tomé tiempo en elegir el corpiño?, se pregunta, mientras se lo quita con bronca y lucidez. Porque a pesar del alcohol que le pesa en las venas, entiende todo. Entiende todo lo que no entendía cuando supuestamente estaba en su mejor estado. Que vestirse el cuerpo es desvestirse el alma. Y ella quiere gustar por dentro, entonces, ¿qué sentido tiene tanta tela?

Porque ella es lo que es cuando está desnuda. Cuando no tiene corpiño, cuando la bombacha es la última del cajón, cuando toma agua mineral, cuando no se maquilla hace tantas horas que ya son días, cuando está en zapatillas. Cuando en sus uñas se ven continentes de esmalte saltado, cuando su boca tiene sabor a milanesa fría. Cuando prende el último cigarrillo, que se lo dieron y por suerte es mentolado optativo. Cuando tiene el alma real y "aburrida".

Cuando vuelve, y no cuando sale. Porque para arrancar uno se prepara, por más que vaya a comprar frutas al chino de la esquina y elija ir con el pijama. Porque para el regreso no hay elección... cae con lo que tiene. Con lo que le queda. Y ahí es cuando ella quiere gustar. Con los restos. Con la nada.

Porque cuando uno gusta con nada, es cuando gusta de verdad. Cuando gusta todo. Gustar en partes es para jugar al tetris, y ya se cansó de jugar. 

8.11.14

Dejalo así

No podíamos. No daba. No estaba bien. Pero venía acumulando ganas desde hacía muchísimo tiempo, y no era calentura, era mucho más que eso. La incluía, obvio, me moría de ganas de conocerle el cuerpo con los ojos, con las manos, con la boca; pero además tenía ganas de saberle las dudas, las flaquezas, las fragilidades; esas que ese hombre adulto y duro jamás exteriorizaba. Me gustaba todo lo que sabía de él, lo que veía, lo que me enteraba, lo que suponía, lo que imaginaba. Quería conocer más para terminar de enamorarme. O empezar.

Necesitaba dos instancias. Primero un mesa de un bar, con una cerveza que después fueran dos, o tres, y una charla hasta desnudarnos con palabras. Segundo, una cama. Sin un orden determinado. Sin embargo, entendía que él sabía que no correspondía. Ninguna de las dos cosas. Porque una, fuera la que fuera por la que empezáramos, iba a llevar a la otra. Y tal vez una sola de ellas no hubiera implicado una complicación, pero sí las dos, porque de ese combo no es fácil volver.

Igual, yo no quería volver. No en ese entonces. Pero, como siempre, tenía miedo de mí, miedo de ese miedo a cuando todo sale bien. Porque ahí es cuando yo empiezo a salir mal. 

28.10.14

Gustar en silencio

Me quedo.
Disfruto de tu mano correctamente atrevida en mi cintura, de tu mirada de reojo (o más bien de la mía que sueña con que hay una tuya en paralelo), de la duda de si esta semana te veré o no (porque podría preguntarte pero elijo esa intriga). De callarme porque temo a tu desaprobación, de vestirme solo para que me veas aunque tal vez ni me mires o quizás ni te cruce. De suspirar en voz alta para transmitirte no-sé-qué, de esperar a que crucemos miradas y hablemos en silencio.
Disfruto de callar, de no decirte nada, de no inquirir, tampoco. Porque este mundito queda hermoso en mi cabeza y prefiero que viva ahí como nuestro antes de que muera allá afuera como solamente mío.