Vuelve a empezar por última vez. Me molesta, pero me gusta. Quiero que se termine, pero quiero vivirlo como nunca. Es un ahora muy corto, que dicen que pasa muy rápido, que el día de mañana va a quedar como un algo más efímero de los tantos recuerdos que amontono en algún lugar.
Me molesta pero tengo miedo de terminar. Tengo miedo de tener que decir algún día que mi realidad es otra, que soy una chica universitaria, que soy adulta para la ley. Me asusta tener que algún día decir "egresé en el 2011"; tener que entender que la secundaria, una etapa que todos llevan tan presente, se termina.
Preferiría no pensar, preferiría estar pensando en que se viene Bariloche y la fiesta de egresados, y muchas noches por romper, pero hay algo que no me deja terminar de disfrutar de ese porvenir, y es el porvenir del porvenir. Es el después, es el "se acabó". Es la sensación que sé que se va a apoderar de mi cabeza que me va a hacer entender que todo lo lindo, sólo queda exactamente ahí, en la cabeza. Que me va a hacer esforzarme por guardarlo con fuerza, porque sólo queda eso, eso y nada más.
Es que, al fin y al cabo, lo único que vale son los recuerdos. Los mejores momentos pasan cuando estamos mirando al costado. Qué mediocre resignarse a los recuerdos. Bueno, esa soy yo. La que trata permanentemente de no pensar y vivir en el hoy, pero siempre está preocupada por el mañana. Que acepta que sólo va a ser feliz recordando de un ayer efímero.
Hola quinto. Estoy contenta igual. A veces me desconcentro y me olvido de pensar. Ahí es cuando somos felices. Sólo que no nos damos cuenta.