porque no está mal que terminen las historias mientras haya historias que contar

8.3.11

Quinto

Vuelve a empezar por última vez. Me molesta, pero me gusta. Quiero que se termine, pero quiero vivirlo como nunca. Es un ahora muy corto, que dicen que pasa muy rápido, que el día de mañana va a quedar como un algo más efímero de los tantos recuerdos que amontono en algún lugar.

Me molesta pero tengo miedo de terminar. Tengo miedo de tener que decir algún día que mi realidad es otra, que soy una chica universitaria, que soy adulta para la ley. Me asusta tener que algún día decir "egresé en el 2011"; tener que entender que la secundaria, una etapa que todos llevan tan presente, se termina.

Preferiría no pensar, preferiría estar pensando en que se viene Bariloche y la fiesta de egresados, y muchas noches por romper, pero hay algo que no me deja terminar de disfrutar de ese porvenir, y es el porvenir del porvenir. Es el después, es el "se acabó". Es la sensación que sé que se va a apoderar de mi cabeza que me va a hacer entender que todo lo lindo, sólo queda exactamente ahí, en la cabeza. Que me va a hacer esforzarme por guardarlo con fuerza, porque sólo queda eso, eso y nada más.

Es que, al fin y al cabo, lo único que vale son los recuerdos. Los mejores momentos pasan cuando estamos mirando al costado. Qué mediocre resignarse a los recuerdos. Bueno, esa soy yo. La que trata permanentemente de no pensar y vivir en el hoy, pero siempre está preocupada por el mañana. Que acepta que sólo va a ser feliz recordando de un ayer efímero.

Hola quinto. Estoy contenta igual. A veces me desconcentro y me olvido de pensar. Ahí es cuando somos felices. Sólo que no nos damos cuenta.

18.2.11

Dulce condena

Uno sonríe, entonces el otro sonríe más, por ende el primero agranda su sonrisa, razón por la cual el segundo también lo hace, y un rato después una guerra inconsciente e inocente de mostrar los dientes se apoderó del momento.

Una foto color sepia, un ramo de rosas rojas, una carta escrita en cursiva con tinta roja y con las "o" escritas como un corazón. Una luna gigante, miles de estrellas; una noche tan corta como larga. Una canción cantada al oído, un mimo sobre la piel que un segundo después va a estar erizada. Una pelea con gritos en forma de corazón, que dicen odio pero piden besos. Un segundo eternizado en años, un beso lento; largo; silencioso. Recuerdos blanco y negro, recuerdos rojos, recuerdos rosas.


Pero Plutón está más cerca mío.

11.2.11

Sentirlo es mejor

Y así y a esa hora encontré ese ahí. Sentarme, mirar a la luna. La luna que aunque chiquita, incompleta, o "nueva", está, saluda, marca su presencia, baila. La luna que puede estar llena pero uno verla con huecos que son las hojas del tronco del árbol caído que ya no se cae más. El viento caliente hace mover al árbol y representa unas combinaciones alucinantes de sombras, hojas, flores y la luna. Sumados a unos ojos color marrón claro que me miran expectantes, petrificados, esperando un accionar.

Pampa, entendé, ahora el accionar es ese, nulo a los ojos de cualquiera, supremo desde los míos. Sentarse al lado de la parrilla, levantar la vista, y disfrutar de un escenario tan simple como alucinante. Bendita es la luna, Pampa. Tiene luz pero en realidad es opaca. Inspira estando aun siempre quieta y en silencio. La gente nace, ríe, llora, y muere, y de todas formas ella sigue ahí. Magnífico, Pampi. Si algún día hablás con el Dios de la luna, si es que existe, por favor, decile que no creo ser suficientemente grandiosa como para merecer disfrutar de semejante espectáculo.

28.1.11

Cementerio de palabras cruzadas

Me encuentro con un espacio en blanco que me pide, con una ausencia de palabras que me está diciendo mucho. Me pide en silencio, pero a gritos. O capaz que me lo pido yo, desesperadamente. Con una necesidad inmensurable de plasmar lo que ronda en mi cabeza que necesita ser palabras para ser. Con intuición de que si lo plasmo me decepcione, me de cuenta de que es poco, de que es lo de siempre. Con miedo a percatarme de que lo superado no lo estaba tan, con miedo a conocerme y a saberme otra vez. Saber cosas que ya sé y conocer a quien ya conozco demasiado. A mí, esa chica llena de palabras, pero que cuando necesita vomitarlas para saber su hoy teme, se esconde. Se calla. Como el espacio en blanco que ya no está tan en blanco. Pero ahora simplemente susurra.

A veces es mejor el blanco, es mejor el silencio. El vacío da lugar a imaginar, a leer lo que uno tenga ganas de leer. Las palabras generan para el que lee una aclaración, una indicación, un hecho, algo que naturalmente es así. Aunque para el que escribe, escribir es volar, es ser, es imaginar y liberarse. Así que acá vuelo, acá soy, acá imagino y me libero.

Cuando soy lectora de mis propios escritos es cuando me siento presa de mí y busco desesperadamente la llave. Sin percatarme que salir de lo que escribo es salir de mí. Porque todos estos blablabla soy yo.

16.1.11

No supiste decirle que no

Es sólo cuestión de números: las vivencias duran un tiempo limitado, y si son positivas, generalmente poco. Los recuerdos, en cambio, quedan. Probablemente se vayan esfumando, se vayan debilitando, vayan perdiendo detalles y se modifiquen según el inconsciente del portador de esas memorias. Sin embargo son fuertes e imbatibles. Por más que se quiera extirpar un momento de la consciencia, nada puede hacerse. Es sólo cuestión de tiempo.

Tiempo. Ese mismo que se hace corto cuando vivís tus tres semanas más felices del año y se expande las noches largas de insomnio. Ese que se encarga de que tu felicidad se te escurra de la mano, ese que participa en la apresurada manera en la que vivís las mejores cosas. Cual hombre con sed que por tomar mucho y rápido vuelca todo el agua, en vez de caminar la cuerda floja la corrés porque es fantástico. Entonces de repente no te caíste, y llegaste al otro lado. ¡Llegaste! Llegaste. No querías llegar en realidad. Te gustaba la cuerda, la adrenalina, la posibilidad de caer. Te gustaba la inestabilidad, te gustaba mirar para abajo y no llegar a divisar el piso, y después levantar la vista y sentirte muy cerca del sol.

Ahora sólo cada tanto recordás tu paso. De vez en cuando revivís en tu cabeza ese caminar, esa emoción, esa inexplicable sensación. Pero jamás como la vivencia en sí... Nunca. Sin embargo, un día te diste cuenta que era tiempo de conformarse. Ahora sólo te dedicás a aprender a ser feliz a través de las memorias. Volviendo al pasado, reviviendo de la mejor forma lo sucedido. Transformándolo en medida que sea posible para tu bienestar, sin olvidarte de vivir cosas nuevas para algún día poder recordarlas. Pocas son las veces que alguien se percató de lo bueno que estaba viviendo en el momento justo. La mayoría de las personas estúpidamente esperan a que pase para tratar de disfrutarlo así.

Pero tampoco es posible. Es un circulo vicioso. Una estúpida guerra entre recuerdos y realidad, memorias y hechos. A decir verdad, es una simple línea. Muy finita y generalmente difícil de encontrar, pero vigente por y para siempre.