¿Qué es "sentir?
No quiero, esta vez, al menos, caer en filosofías ni en lugares comunes.
Pregunto porque realmente algo adentro duda acerca de eso;
Pregunto porque muchas, no sé si miles, ni cientos; pero decenas de veces me supe llena con algo que al tiempo no me significó nada;
Pregunto porque me llegué a sentir feliz con situaciones no porque me hicieran bien sino porque solamente me hicieron, me hacían, y al tiempo no eran más que un simple recuerdo;
Pregunto porque logré pensar que tenía "mariposas en la panza", pero no hicieron más que volar (y no sé a dónde, porque hubiera corrido a buscarlas);
Pregunto porque algo en mí quiere pensar que me pasó, que sentí, que tuve esa cosa rara adentro, en ese lugar que no se llama ni mente, ni alma, ni corazón (que se usa muy poéticamente pero no es más que un órgano sangroso y poco estético); que no tiene espacio físico pero que tiene más entidad que cualquier cosa tangible. Pero que al tiempo desapareció, y cerró perfecto con esa manera de ver los sentimientos que tengo que los aisla de las partes del cuerpo, y al materializarse en algo tan abstracto tiene lógica que se vaya así nomás;
Pregunto porque escucho a todos hablar de ganas que los llenaron, pero ya no; y yo me cuestiono (y les cuestiono, porque vivo inquiriendo para saber si la única dudosa acerca de la realidad del sentimiento soy yo) si en serio están seguros acerca de haberlo sentido o si simplemente lo dicen porque es lindo decirlo, para uno mismo y para el resto; y les conviene no interrogarse demasiado a sí mismos;
Pregunto porque le tengo mucho respeto a las palabras, quizás demasiado, y no quiero enunciar algo que no sea real; pregunto porque no sé qué significa que algo sea "real"; pregunto porque tal vez me equivoco en querer medir a los sentimientos con la vara de "realidad" porque puede que sean cuestiones que sólo se puedan entender en el momento que están pasando;
Pregunto porque tengo miedo de que todos los sentimientos sean efímeros como los que me recorrieron el cuerpo/alma/esencia/lo-que-sea-que-siente como hasta ahora;
Pregunto porque sé que nadie me va a poder responder y probablemente no quiero que lo hagan; porque parte de ese no saber, de todas estas dudas, de estas inquietudes, de este temor; tiene que ver con la fe de confiar en que todo está más allá, de que va a llegar, de que no es una utopía, de que va a aparecer lo que tiene que existir:
el todo y el para siempre.
porque no está mal que terminen las historias mientras haya historias que contar
8.12.13
1.12.13
Pinta pa' largo, señor
Ya ni escribir. Y dice que no es que antes era cosa de todos los días, justamente solo cuando pasaban cosas que lo ameritaran. Y hace mucho no escribe. Se detiene en el concepto "pasar cosas". Primero no cree saber a lo que se refiere, pero enseguida se da cuenta que sí. Es cuando algo le toca el alma. Para bien o para mal.
Se le viene a la mente la imágen de un títere. Nuevo, sin usar, reluciente, pero que está flotando: nadie tiene los hilos, y menos que menos los mueve.
Levanta la mirada de su cuaderno y ve una pecera. Ocho peces la recorren de punta a punta, una y otra vez, sin parar. (Se pregunta si los peces nadan cuando duermen). Le hacen acordar a ella, y al títere flotando, moviendose porque sí y punto, porque no queda otra.
Pero entonces piensa que por lo menos ellos viven cada nueva aleteada como nueva, no se les nota que hace años que minuto tras minuto recorren la misma pecera de pocos centímetros de largo por pocos de ancho. Entonces de repente escribó, ¿significa que pasó algo? ¿o forzó de la nada, un algo, para sentirse mejor (o peor), pero para creerse que algo pasa?
Le gusta el sol, aprendió a disfrutar copiando a la lluvia y dejando a las lágrimas caer, pero el parcialmente nublado la vacía. Aunque quizás está lloviendo y no lo quiere ver, y en realidad no sabe ser feliz con la tormenta.
Capaz tiene que cambiar de pecera.
Y dejar de escribir en tercera persona.
Aunque no te importe:
deslices bajo cero
26.11.13
Hasta la próxima vez III
Como volver
a ponerse la malla. En el invierno cambiaste, puede quedarte diferente; y
además tampoco te acordás bien cómo te calzaba.
Lo ves de
nuevo. En el invierno cambiaste, te faltó su abrazo y tuviste frío. No sabés
bien en qué orden de causa-consecuencia. Pero estás otra vez ahí con él, y por
un lado parece como si no hubiera pasado el tiempo; y por otro ya no te queda
tan bien como antes. O como creías que te quedaba antes.
Lo bueno de
la malla es que ella no puede cambiar, lo malo del amor es que complementarse
es tan mágico que no sólo se necesita encontrar a esa persona en las 6000 millones
que hay en el mundo (es más fácil ganar la lotería), sino que tiene que estar
dispuesta a conocernos, y nosotros a esa persona, y saber mostrarnos como
somos, y mantenernos así, en esa situación de enganche, de rompecabezas, de
encastre.
Aunque no te importe:
deslices bajo cero
14.11.13
Todas las putas van al cielo
La noche anterior había habido luna nueva: la noche anterior no había habido luna. Una mancha en el medio de la noche: nada para los ojos humanos. Como todas las noches sin luna, pocos ocuparon un rato y un espacio de su mente para percatarse de ello. Las ausencias de las cosas a las que no les prestamos atención son difíciles de percibir.
Sólo se acordaron de la luna los expertos, que no pueden evitar, al final de cada día, reconocer al satélite y caracterizar su estado; y algunas canciones sonando en auriculares dispersos, aunque casi nadie los relacionara realmente con esa forma blanca que faltaba en el cielo.
La noche siguiente hubo luna llena. Puede que esto te llame la atención, pero solo evidenciado por escrito: capaz que en la vorágine del día a día ni siquiera recordás la luna una vez por semana, aunque la veas, aunque este ahí; entregada, desnuda y dispuesta a dar su espectáculo sin cobrar. Ahora te estás preguntando qué tanta atención le prestás a la prostituta gorda, blanca y barata a la que nadie le hace el amor. No es momento, y probablemente no encuentres respuesta, y menos que menos una satisfactoria.
Entonces, decía, hubo luna llena. Los expertos se desesperaron; no podía suceder, no había lógica que lo explicara. Se llamaron entre ellos, consultaron a la NASA; toda la jerga relacionada a los astros se desesperó. Vos y yo no nos enteramos porque ellos no quisieron, y porque estábamos muy ocupados mirando otras prostitutas; flacas, caras y por televisión.
Nunca más volvió a suceder. Algunos expertos se suicidaron, otros se retiraron, un grupo decidió omitir lo sucedido porque todo lo que estudiaron hubiera perdido valor. El único “civil” que se percató de la extrañeza fue un chico, que de tan triste, durante muchas noches, lo único que hacía era tirarse en un banco de plaza a mirar el cielo, fumar un cigarro y hacerle el amor a la luna con los ojos.
Un día me lo contó, ya contento y recuperado. Yo te lo cuento a vos. Decíselo siempre al que caiga en la sinrazón de la razón y necesite dudar un poco de todo. Ah, y no te olvides de que también entienda que hay que tomar menos sol y más luna.
Aunque no te importe:
cuentos
4.11.13
En la mayor
Y simplemente pasa que tengo ganas de verte. Y es tan simple, y lo hacemos tan complicado… Y si digo “hacemos” es porque yo también soy parte de eso; entonces quizás no es tan simple. Puede que me guste más tener ganas de verte, que verte. Que disfrute la obsesión. Puede que encontrarte signifique darme cuenta que todo eso que me aseguré que iba a estar en vos, no lo esté. Capaz está adentro mío. O de otra persona. O no exista.
Ciudad Autónoma de Buenos Aires, capital mundial del desencuentro. Mucha gente, muchas calles y avenidas, cruces, más gente, apuro, choque, “uy discúlpame”, “permiso”, luces, ruido, autos, corridas, negocios, más gente, “la concha de tu madre”, bocinas, más ruido y gente y luces y autos. No hay espacio para dos personitas que simplemente tienen ganas de verse. Sólo en noches de apagón, en las que las almas en cuestión se prenden más que nunca, absorbiendo la ciudad y transformándola en frenesí.
Aunque no te importe:
deslices analíticos
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